Alemania, que se opuso a la intervención militar, es sede de la reunión en medio de la división entre los aliados europeos, sobre todo en cuestiones como el suministro de armas a grupos opositores y acerca de la participación de los aviones en bombardeos al territorio.
Solamente 6 de los 28 países participan en las operaciones de ataque en Libia: Francia, Gran Bretaña, Dinamarca, Bélgica, Canadá y Estados Unidos.
Italia, España, Holanda y Suecia dan, por su lado, apoyo logístico a las operaciones, o participan de la vigilancia de la zona de exclusión aérea, pero sin lanzar bombas.
Las dificultades se volvieron evidentes el 4 de abril, cuando Estados Unidos decidió el retiro de sus aviones de combate y dejó de disparar sus misiles Tomahawk a Libia.
Sin embargo, el Pentágono informó hoy que sus aviones siguen bombardeando a Libia después de haber traspasado el comando de las operaciones a la OTAN, el 4 de abril.
El portavoz del Departamento de Defensa, coronel David Lapan, destacó además que el rol de Estados Unidos es de “soporte” a las operaciones de la OTAN.
Francia y Gran Bretaña, que criticaron el desempeño de la OTAN, llegan a Berlín con la solicitud de acelerar el ritmo y la intensidad de las operaciones militares.
“No estoy de acuerdo con la descripción de una OTAN lenta”, dijo hoy el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, y rechazó así las críticas sobre “lentitud” de tareas formuladas por París y Londres.
Además, indicó que “nuestras operaciones terminarán cuando no haya más amenazas para la población civil”, y agregó que “la solución no es militar sino política”.
En ese punto, todos dicen estar de acuerdo pero la búsqueda de una solución diplomática no avanza.
Los aliados están divididos, además, en la posición sobre el Consejo Nacional de Transición (CNT), pues sólo Italia y Francia lo reconocieron.
Gran Bretaña, por su parte, quiere armar y entrenar a los rebeldes, en tanto Bélgica considera que la resolución de Naciones Unidas, que prevé el embargo de armas a Libia, vale también para los rebeldes opositores.
Rasmussen dijo ya varias veces que la resolución de la ONU es para “proteger a la población, no para darle armas”, pero su postura no es escuchada por los gobiernos que anunciaron hoy que comenzarán con la provisión a los rebeldes.
El grado de división que existe entre los aliados recuerda al de 2003, cuando comenzó la guerra contra Irak.
(Con información de ANSA)
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