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La televisión cubana fue uno de los temas debatidos en el congreso de la UNEAC

14 Abril 2014 Haga un comentario

Una gran preocupación colectiva señaló la carencia de tecnología para salvar y conservar el patrimonio visual y sonoro, y fue alertado el peligro que corre la herencia gráfica del pasado reciente.

La televisión, medio de información y entretenimiento más popular en Cuba, proyecta una imagen muy lejana a las necesidades culturales, informativas y de distracción del pueblo.

Uno de los debates más profundos en el recién concluido VIII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), fue el desarrollado en la comisión dedicada al tema Cultura y Medios, donde trascendió, entre otras cuestiones la necesidad de una adecuada selección de las programaciones, que atienda a la calidad artística en los contenidos y en el aspecto formal.

Alrededor de 50 intervenciones analizaron las deficiencias de los medios en la promoción cultural, la jerarquización artística, los insuficientes espacios destinados al ejercicio de la crítica artística en general y específicamente de las artes visuales, la persistencia de la banalidad, la chabacanería y la vulgaridad,  en espacios musicales y otros de la televisión nacional; la necesidad de una adecuada selección de las programaciones, que atienda a la calidad artística en los contenidos y en el aspecto formal; la baja calidad de los guiones no solo en los espacios dramatizados.

Trascendió igualmente la ausencia de espacios televisivos que aborden temas imprescindibles en el contexto socio político actual.

En relación con ello, se insistió en presentar los temas de las provincias en la televisión nacional, así como en la creación de un espacio regular para difundir las producciones audiovisuales realizadas en los telecentros en aras de construir una verdadera visualidad nacional.

Diversos planteamientos refirieron el carácter no idóneo de un grupo de locutores o comentaristas de espacios informativos, y la repetida presencia de algunos en varios espacios. Asimismo, fue objeto de análisis el rol asumido por algunos periodistas como críticos especializados, sin ser reconocidos como tal ni poseer los conocimientos necesarios, fenómeno sobre el cual no existe control.

La censura  de las producciones cinematográficas en la televisión constituyó otro de los tópicos más debatidos. Al respecto los delegados insistieron en que las políticas de programación sean diseñadas de manera inteligente y racional, sin prejuicios. Instaron a aprovechar la labor de los presentadores de esos espacios,  con el propósito de que el cine propuesto a los espectadores cubanos  no esté ajeno a la realidad y a los problemas de la contemporaneidad.

Entre las propuestas para enfrentar ese problema sobresalió la necesidad de diseñar la programación cinematográfica de la televisión en coordinación con expertos en el tema para lograr la intencionalidad del medio como proceso cultural. También se llamó la atención sobre el ejercicio de la crítica cinematográfica que proponga obras valederas y no aquellas que sobresalen por su “ruido político”.

Una parte del intercambio estuvo dedicada a la presencia aún limitada en la pequeña pantalla del universo de los artistas de las artes plásticas en Cuba. A juicio de la comisión, la situación de la promoción de las artes plásticas en la televisión es crítica. Destacó además, la urgencia de atender y solucionar la crisis de la literatura dramática en el medio, al tiempo que se subrayó la utilidad de estimular a los buenos escritores para que escriban obras para la TV.

Ampliamente criticados resultaron los erróneos modelos de éxito individual y colectivo que promueve la televisión, el tratamiento muchas veces inadecuado de la imagen de la mujer,  entre otros aspectos que devienen sedimentos de ideologías alejadas del proyecto socio cultural de la nación.

Asimismo varias reflexiones versaron sobre las producciones musicales de baja calidad que inundan la programación con presentaciones grandilocuentes por parte de locutores; significaron que las jerarquías artísticas no encuentran reflejo en la programación musical, la cual debe promocionar el talento atendiendo a la premisa de que el público debe recibir una propuesta diversificada y pueda escoger aquella de su preferencia, lo cual es su derecho. De esta manera la televisión contribuirá efectivamente a la formación del gusto estético de la población.

Una gran preocupación colectiva señaló la carencia de tecnología para salvar y conservar el patrimonio visual y sonoro, y fue alertado el peligro que corre la herencia gráfica del pasado reciente.

Por su parte, el destacado intelectual Abel Prieto destacó la disposición del Instituto Cubano de Radio y Televisión para trabajar de conjunto con el Ministerio de Cultura y las instituciones de este vinculadas a los medios, en aras de solucionar los problemas que aún persisten en cuanto a dotar de una esencia realmente cultural a la televisión cubana.

“Yo siento hoy como nunca antes, una disposición en la dirección del ICRT de escuchar, dialogar y trabajar unidos; no es posible seguir trabajando divorciados unos de otros”,  valoró el asesor del presidente cubano Raúl Castro Ruz.

En tal sentido aludió el intercambio entre el ICRT y los delegados al Congreso de la Asociación Hermanos Saíz, así como las acciones realizadas por el organismo como la creación de un grupo de trabajo en coordinación con el Instituto Cubano de la Música, el cual revisa actualmente los repertorios, elencos y programaciones, aunque no refirió resultados.

Prieto Jiménez apuntó que existe otro proyecto de trabajo con el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), dirigido sobre todo a mejorar la calidad de la selección de las películas exhibidas en los diferentes canales, mientras que con el Ministerio de Cultura que analiza el panorama total de la relación de la cultura y los medios.

A su juicio, algunos realizadores miembros de la UNEAC poseen confusiones en cuanto a jerarquías artísticas y ello propicia la promoción de la seudocultura y la mediocridad.

También consideró  imprescindible que los realizadores comprendan “cuál es su batalla anticolonial”, porque la solución no estriba en la imposición, ni las indicaciones. Según apreció, “el culto a lo yanqui nos está invadiendo”. Al respecto alertó que “una persona colonizada no puede tomar decisiones de política cultural”.

Instó a sistematizar estos análisis y a perseguir, con la participación de las instituciones culturales y educacionales, la mediocridad y el colonialismo.

Mientras, el presidente del ICRT, Danylo Sirio, reflexionó sobre algunos de los temas tratados por la comisión y reconoció las dificultades del organismo para resolver los problemas, entre ellos la carencia de directivos preparados y especializados. Estimó como la principal deficiencia, el establecimiento de las jerarquías culturales.

El directivo solicitó la ayuda de los artistas y escritores, así como de las instituciones para “evitar la mediocridad y los problemas que tenemos en nuestra pantalla”.

“Sabemos que los gustos y exigencias de la población son otros, pero esta es la televisión de todos y depende de nosotros mejorar la calidad, no hacen falta reuniones, sino proyectos, guiones, consejos técnicos, asesores que nos ayuden a combatir la mediocridad en la radio y la televisión.

Al analizar el papel de los jóvenes en la creación audiovisual, aseguró que el reto de hoy en día “es garantizar que lo mejor de las producciones nacionales llegue a los medios”.

Como ejemplo de producción artística de alto nivel y de amplia aceptación popular, mencionó la serie histórica Duaba, producción de RTV Comercial que bajo la dirección de Roly Peña llevó a la pantalla momentos de la vida de importantes figuras de las luchas independentistas cubanas.

La comisión de Cultura y Medios también estuvo presidida por Miguel Díaz Canel, miembro del Buró Político y primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Julián González, Ministro de Cultura, y Miguel Barnet, presidente la Comisión Organizadora del Congreso.

Durante la jornada inaugural del octavo cónclave de la UNEAC, los delegados abordaron además los temas Arte, Mercado e Industrias; Ciudad, Arquitectura y Patrimonio; Estatutos, Reglamento y Reclamaciones.

La clausura del Congreso, efectuada el 12 de abril en el Palacio de Convenciones de La Habana, estuvo presidida por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, primer secretario del Comité Central del Partido y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Durante la sesión final fue presentada la nueva presidencia nacional de UNEAC, que ratificó a Miguel Barnet en su responsabilidad al frente de los artistas y escritores cubanos.

El presidente cubano expresó su felicitación a todos los delegados e invitados por el resultado del VIII Congreso, en especial por la nueva dirección y a Miguel Barnet.

Durante un breve intercambio con los asistentes al cónclave, Raúl significó el respeto a la discrepancia. “Está muy bien que hayan planteado lo que opinen, aunque yo no he estado de acuerdo con algunos criterios, pero respeto a los que discrepen. Soy un enemigo absoluto de la unanimidad”, sostuvo.

Apuntó que “no se puede llegar a un congreso sin resolver los problemas planteados; no podemos llegar al IX Congreso y encontrarnos discutiendo los mismos temas. Para eso han elegido una dirección (…) Los problemas planteados hay que estudiarlos y presentar soluciones. Debemos actuar de la manera más democrática: discutiendo, analizando, pero con paciencia”.

(Tomado de TVCubana)

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