¿Somos un pueblo educado o instruido?

Por Yailin Orta Rivera, especial para la Mesa Redonda

Fotos de Roberto Garaicoa

No se puede cuantificar si somos los cubanos más educados o instruidos. José Martí dijo que instrucción no era igual que educación, pero tampoco son opuestos, sino complementarios. La instrucción forma el intelecto, y la educación los sentimientos, y ambas tienden a hacer a un mejor hombre o a una mejor mujer. Pero si nos falta una, no estamos completos.

El concepto lo compartió el Premio Nacional de Periodismo Luis Sexto, uno de los invitados a la Mesa Redonda de este viernes, que se centró en la interrogante de si este es un pueblo más educado o instruido. “Nuestra sociedad tiene de ambas cosas, dijo, porque cuando uno se pone a analizar la historia cubana, y la más reciente justamente, uno descubre a hombres que sobre los hombros de su virtud se han echado el país, cubanos que nadie conoce y que tienen sobre su trabajo y su conducta la mejor herencia de nuestra nación. Cuando uno conoce su país se da cuenta de que hoy hay una mezcla, y de que hay quienes tienen mucha instrucción y no tienen educación”.

Hizo notar que “hoy acá estamos poniendo la Educación sobre la mesa, pero hay quien no tiene en la mesa educación, porque comer con la boca abierta, por ejemplo, es una ofensa a los demás, porque educación es reconocer al otro. Con la educación, y cito a Martí,  se preserva la existencia y es el modo de hacerla placentera y pacífica”.

Yailin Orta Rivera, subdirectora del periódico Juventud Rebelde, coincidió en que sería muy arriesgado ponernos a cuantificar qué tiene más peso en nuestra sociedad, si la educación o la instrucción. “Pero lo que sí es una certeza es que el proyecto emancipador cubano, desde su surgimiento,  tuvo una profunda preocupación por ambas dimensiones. Cuando Cuba fue en busca de ella misma hace más de medio siglo y comenzó a configurar sus nuevos rasgos, una de las primeras cosas que hicieron los fundadores de la Revolución fue impulsar la Campaña de Alfabetización, de la cual todos conocemos cuánta luz puso sobre esta tierra. Esta propuesta se hilvanó después con todo un proyecto institucional educativo que se ha sostenido hasta en los momentos más difíciles”.

La periodista advirtió, no obstante, que no estamos en la panacea de ello, ni alcanzamos el momento ideal, pues cuando se desgrana la realidad y se focaliza el análisis, es notable que hace falta activar continuamente ciertos resortes organizativos y estímulos que favorezcan que las personas que desde esas instituciones tienen la altísima responsabilidad de cultivar la educación y la instrucción, sientan un amor constante por lo que hagan y lo expresen en su diaria labor.

Yailin Orta comentó que una de las vocaciones que ha tenido nuestro magisterio y nuestra pedagogía, fundadas en el pensamiento angular de José Martí y de otros hombres cumbres, es la defensa de ir más allá de la asimilación del contenido por parte de los estudiantes, y que ellos se eduquen desde el sentimiento.

Destacó que no hay polarizaciones entre educación e instrucción, y aportó que la educación es una especie de sombrilla, en la cual está contenida la instrucción y otros elementos. “La educación abraza a la instrucción, pero la instrucción no encierra a la educación, porque esta tiene mayores alcances”.

Insistió en que los únicos responsabilizados con la labor educativa no son quienes trabajan en las instituciones con este perfil, sino que todos los miembros de nuestra sociedad tienen un rol en ello. Hizo énfasis además en que cuando no existe educación es porque hubo una cadena de condicionantes y fallaron cosas en el proceso, que involucra a la familia, la escuela, los grupos donde uno interactúa y sigue modelando su conducta y su carácter, y los espacios profesionales donde uno sigue creciendo y madurando sociológicamente.

Yailin Orta resaltó que somos individuos pensantes, y que nos diferenciamos por ello como especie. Por lo que la formación de ese pensamiento tiene que tener a su vez bases éticas, morales, para que seamos educados y no solo instruidos.

La máster Miriam Egea, jefa del Departamento de Marxismo-Leninismo en el Ministerio de Educación, precisó que la mala educación no era un fenómeno exclusivo de los jóvenes y que se acentuó el problema a partir de la década de los 90. En su opinión,  para cambiar esta realidad tienen que participar todos los miembros de la sociedad, porque la educación es sentimiento, comportamientos… y solo así se podría evitar que un problema económico impactara en la espiritualidad. “Hay que recomponer los valores desde la instrucción y la educación. Y desde el civismo también, porque implica formar hábitos, enseñanzas, y hacerse de deberes y derechos. Todos tenemos que participar en la edificación de nuestras mejores formas de comportamiento, para seguir dando continuidad a nuestro proceso de justicia social”.

Para Luis Sexto, las circunstancias influyen en el comportamiento humano, pero es cierto que la sociedad no es perfecta y la perfección humana sigue siendo una utopía, y no porque es imposible sino porque está por hacer, por ello Cuba persigue la utopía. “Por lo que no podemos aceptar como juicio válido y definitivo que las personas tienen que ser necesariamente víctimas de las circunstancias, porque ahí está la grandeza de los seres humanos: tienen la capacidad para sobreponerse a sus circunstancias y puede nadar hacia arriba aún hundiéndose. Y pudieran cambiar las circunstancias, pero el bien y el mal siguen siendo los mismos, aunque cambien los escenarios”.

Defendió la idea de que uno le tiene que poner rienda a las tendencias más negativas, porque no somos perfectos. “Los jóvenes, aunque sean jóvenes, son responsables de sus actos, aunque se deban a una familia disfuncional. Yo soy hijo de padres divorciados, pero yo he sido responsable. No fui culpable de mi tristeza, ni de mi melancolía por el divorcio de mis padres, pero sí soy responsable de mi superación, del camino que pude tomar, porque hay que saber elegir, de eso se trata. No podemos justificar las malas posturas porque soy hijo de unas circunstancias económicas muy lacerantes”.

Al hacer referencia al rol de la escuela, Miriam Egea evocó a José de la Luz y Caballero, quien nos enseñó que instruir puede cualquiera, pero educar solo quien sea un evangelio vivo. Por ello en la escuela todo tiene que educar, porque es en ese espacio además donde se forman las nuevas generaciones. “Tenemos que lograr que todos nuestros maestros sean ejemplo, la calidad del proceso docente educativo, el liderazgo de los directivos y el diálogo permanente, para formar a cubanos decentes, de bien. Porque no solo se trata de brindar la mano y ayudar, se trata de que a través de nuestro comportamiento diario expresemos cultura”.

Yailin Orta destacó que aún nos queda mucho por hacer. “Porque como decía José Martí hay que ser arte entre las artes y en los montes monte ser, pero sin modificar las fibras esenciales con las que nos han cultivando. Pueden cambiar los contextos, pero no nuestra conducta, que es la que enhebra nuestras vidas y nos da coherencia, de lo contrario no seríamos unos sujetos consecuentes. La profesora hablaba ahorita del peso tremendo de la década de los 90 en nuestra realidad, porque también es mucho más fácil romper que fundar; crear es algo de todos los días. Y para lograr lo pendiente o restaurar lo resquebrajado no podemos hacer una gran avanzada, porque la educación es un arte continuo del que depende el buen y permanente estado del alma”. Añadió, a su vez, que la sociedad tiene que seguir en la defensa del consenso de sus valores establecidos.

Para Miriam Egea, el camino es seguir ganando calidad en la escuela. Seguir en el diálogo con todos los factores: la familia, la comunidad… en función de unirnos más en esa necesaria transformación. A lo que el profesor Luis Sexto sumó que también es importante que todo esto vaya acompañado del rigor.

La instrucción forma el intelecto, y la educación los sentimientos, y ambas tienden a hacer a un mejor hombre o a una mejor mujer este fue el tema central en la Mesa Redonda.

El Premio Nacional de Periodismo Luis Sexto, uno de los invitados a la Mesa Redonda de este viernes, que se centró en la interrogante de si este es un pueblo más educado o instruido.

Yailin Orta Rivera, subdirectora del periódico Juventud Rebelde, coincidió en que sería muy arriesgado ponernos a cuantificar qué tiene más peso en nuestra sociedad, si la educación o la instrucción.

La máster Miriam Egea, jefa del Departamento de Marxismo-Leninismo en el Ministerio de Educación, precisó que la mala educación no era un fenómeno exclusivo de los jóvenes y que se acentuó el problema a partir de la década de los 90.

El camino es seguir ganando calidad en la escuela. Seguir en el diálogo con todos los factores: la familia, la comunidad… en función de unirnos más en esa necesaria transformación.

1 Comentario »

  • Dr. José Luis Aparicio Suárez dijo:

    Educación e instrucción han de ir juntas, complementándose.

    Eduquémonos siempre en el hábito de estar bien instruidos, mientras enseñamos la doctrina de la cortesía y el buen comportamiento. No luce ni vale lo mismo la instrucción si falta la educación. No podemos permitir que la insensibilidad se enquiste en padres, maestros y profesores. Créanme, es indigno instruir sin educar. Tanto o más que inculcar vale sostener y desarrollar los valores. Sembrar cortesía, en el ánimo de los niños y jóvenes, es un deleite que necesitamos multiplicar. Asumo que educar es el honor de la condición humana y que la mejor instrucción es aquella que acompaña a una esmerada educación. Comparto mi convicción sobre el sagrado deber de desarrollar las facultades y actitudes de los seres humanos. Educar, a mi juicio, es influir con pertinente orientación. Y, lo pienso porque influir es ejercer fuerza moral; pertinente es acción que viene a propósito; y orientar es guiar con certeza. Educar es la virtud del alma generosa; hagámoslo todos y cada día de nuestras vidas.

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