Medios de comunicación: el silencio cómplice de las grandes transnacionales

Por Yadira Cruz Valera (Corresponsal de Prensa Latina en Venezuela)

Como un complejo tablero de ajedrez funciona hoy la geopolítica mundial donde todos definen posiciones para el jaque mate que les permita controlar el planeta y sus riquezas.

Pero el juego de la vida real va más allá de monarcas, alfiles, caballos, torres y peones en una batalla estratégica; aquí y ahora, todo vale, no hay reglas, ni normas y por si fuera poco, un nuevo actor, sutil y audaz es quien mueve las piezas a su antojo: los medios de prensa.

Mucho se habla y advierte sobre el papel del llamado “cuarto poder” en la política mundial y varios escándalos a lo largo de la historia demuestran la efectividad de su accionar.

En 1787 surge el término, popularizado a mediados del siglo XIX por Thomas Carlyle, filósofo escocés.

Carlyle atribuyó la expresión al político inglés Edmund Burke, quien en un debate de la Cámara de los Comunes dijo -señalando a la tribuna de la prensa- que ahí se encontraba el “cuarto poder”.

Si bien por mucho tiempo se dedicaron a publicar estafas, intrigas y hasta los más íntimos secretos de personajes de las altas esferas políticas y sociales, en la actualidad su función catalizadora va más allá y según asegura el periodista colombiano Hernando Calvo Ospina, se convirtieron en “Generales de la nueva era”.

La prensa en las nuevas guerras

Durante su reciente visita a Venezuela para participar en la Feria Internacional del Libro, el también escritor radicado en Francia, explicó a Prensa Latina el porqué de esa afirmación.

“La gran prensa es la principal generadora de las guerras. Más perjudiciales y criminales que cualquier arma, incluyendo las de destrucción masiva, son capaces de provocar un verdadero exterminio. Pueden llegar a lavarle el cerebro a cualquiera en un dos por tres”, dijo.

Calvo argumentó con simples ejemplos como son capaces de publicar cualquier mentira, cualquier hecho, y manipularlo.

“En segundos son capaces de arrancarle la dignidad alcanzada por alguna persona durante 50 o 60 años. Mienten, tergiversan o simplemente silencian”, explicó.

De igual forma destacó que esos denominados grandes medios dejan de publicar temas relevantes cuando no les interesa, como los escándalos del diputado opositor venezolano Juan Guaidó, cuya relación con paramilitares colombianos fue hecha pública en este país.

“Retratarse con los terroristas paramilitares de Los Rastrojos es algo tremendo, que debería destruir su imagen. Pero eso en Europa no se sabe, es una información que por allá no se conoce, no se tocó ese punto para nada”, recalcó.

Consideró que la izquierda en la región de manera autocrítica debe reconocer que, en parte eso ocurre porque ‘no hemos sabido manejar esos medios’.

“Debemos aprender del enemigo y, en este caso, la gran prensa, las corporaciones mediáticas, son el enemigo!, se ha probado toda su efectividad para derrocar gobiernos”, aseguró Calvo conocedor de estos temas y acucioso investigador sobre América Latina.

Advirtió que esos monopolios de la información “son los que ganan las guerras en la actualidad, mueven los hilos de cada proceso, como lo están haciendo en Ecuador, Chile y Bolivia, como intentaron hacerlo en Venezuela”.

Bolivia y el silencio cómplice de los medios

Para la politóloga española Arantxa Tirado, también estudiosa de la región, Bolivia y Venezuela son sólo los casos más recientes de cómo los grandes medios logran manipular la realidad y dar una imagen de acuerdo con los intereses del capital que los sostiene y alimenta.

“El paralelismo entre el golpe de Estado perpetrado contra Evo Morales y lo que intentaron hacerle al presidente venezolano, Nicolás Maduro, es asombroso” dijo la investigadora en declaraciones a Prensa Latina.

Este mal llamado golpe blando se desencadenó con el desconocimiento de resultados electorales, como una excusa para avalar las protestas supuestamente populares y que se vendieron en medios hegemónicos desde antes de los propios comicios para crear matrices de opinión sobre fraudes y fomentar dudas e incertidumbres.

“El imperialismo ha tomado nota, sabe que no puede dar golpes militares como los del pasado siglo y simplemente innovó, cosas que fue probando, con antecedentes exitosos, como el de Manuel Zelaya en Honduras; el proceso contra Fernando Lugo en Paraguay o el de Dilma Rousseff y Luiz Inácio Lula da Slva, en Brasil”, resaltó.

En su intercambio con esta agencia durante su visita a Caracas, Tirado ejemplificó como a esos dirigentes y otros como Cristina Fernández, Maduro o el propio Hugo Chávez se les fue creando una imagen desfavorable, “desmitifican la figura de la manera más burda, vemos como lo comparan con animales, metáforas que esconden un racismo de élites”.

De igual forma cambian los hechos como en el caso boliviano al intentar compararlo con lo que estaba sucediendo en ese momento en Chile o Haití e hicieron ver que era una sublevación de pueblo, lo cual no es cierto, son contextos muy diferentes, puntualizó.

Pero esos medios están protegidos, respaldados por las oligarquías y los sectores castrenses. Esos no son los periodistas que persiguen o matan, los periódicos y publicaciones que cierran o bloquean, recordó la politóloga.

En su más reciente artículo titulado: Cuando los medios no ven un golpe de Estado, el periodista español Pascual Serrano hace un análisis de la situación del país andino y las nuevas formas usadas por las grandes potencias.

“En el transcurso del siglo XX, el golpe de estado adoptó la forma típica de una acción de las fuerzas armadas que desplazan a la fuerza al gobierno establecido, sin embargo, en las últimas décadas, adopta formas más complejas con la incorporación de desestabilizaciones económicas, grupos civiles de agitación y medios de comunicación”, plantea.

“El caso de Bolivia no permite duda alguna”, señala y realiza un análisis cronológico de los hechos, ejemplifica como se reprimía y mataba en las calles, se ultrajaba con marcadas intensiones racistas y xenófobas a dirigentes del Movimiento al Socialismo (MAS), mientras medios como El País, de España, publicaba en la red social Twitter mensajes distorsionados.

El Ejército obliga a Evo Morales a renunciar como presidente de Bolivia, decía el tuit; “lo curioso, destaca Serrano, es que, por mucho que reconozcan en su noticia que un ejército derroca a un presidente elegido en las urnas, la expresión golpe de Estado ni se les pasa por la cabeza a los responsables de la misma”.

Así desmonta el periodista español las estrategias informativas o más bien desinformativas de la gran prensa durante los sucesos de Bolivia, análisis que respaldado por quienes en aquel momento y en días posteriores denunciaron por todas las vías posibles lo que se ocultaba al mundo.

Una entrevista al sociólogo y periodista uruguayo, Marcos Teruggi, publicada por Venezolana de Televisión en los nefastos días intentaba mostrar la realidad del momento.

Desde la ciudad de La Paz, mediante un contacto telefónico, Teruggi aseguraba, “ha habido un proceso de cerrar las vías de comunicación para generar un cono de silencio que cuenta con la complicidad activa de los gobiernos de la derecha y la Organización de Estados Americanos (OEA)”.

“Lo que hubo en Bolivia fue un golpe de Estado, y no un proceso democrático, estas acciones son extendidas a nivel continental. Han aplicado el método de desestabilización que se ha visto varias veces en Venezuela”, resaltaba en aquel momento el sociólogo testigo de lo acontecido.

Si para alguien hay duda del silencio cómplice de las grandes transnacionales de la información basta un paneo por los medios alternativos o las cuentas en redes sociales de movimientos sociales, militantes de la izquierda o de simples ciudadanos horrorizados.

Espeluznantes imágenes sobre lo que diariamente sucede en Bolivía, Chile, Ecuador, Haití o Colombia, esas que nunca llegarán a las páginas o portales de medios que responden a grupos de poder económico.

(Tomado de Prensa Latina)

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