Mesa Redonda: Fidel y la Cultura

La cultura, en su más amplio concepto, fue una permanente obsesión para Fidel, un convencido del papel crucial que esta tenía en la transformación de una sociedad que se estrenaba en Revolución. Sin ella, dijo, «no hay libertad posible».

Consciente del sustento espiritual que la cultura proporciona, y de las fortalezas que entraña para un pueblo tocarla con la mano, Fidel la tendría entre las primerísimas prioridades del Gobierno Revolucionario, que debía sembrar los ideales que los nuevos tiempos estaban exigiendo.

Si bien –y recordando a Cintio– era asombrosa «¡(…) la fecundación borrando las innumerables frustraciones, las humillaciones indecibles, las minuciosas pesadillas!», también era cierto que «comenzaban entonces otros combates».

Conducidos por su líder fueron titánicos los emprendimientos que se propuso la joven Revolución que, a tres meses de su triunfo, fundaba la Imprenta Nacional de Cuba, y se estrenaba, no en balde, con una edición de cien mil ejemplares de El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

La Imprenta, además de producir libros, publicó los materiales empleados en la Campaña de Alfabetización, la más grande epopeya cultural de la gesta, que se llevó a cabo en 1961, y puso fin a uno de los más tristes pasajes de la Cuba neocolonial, el de la ignorancia, al declarar al país, el 22 de diciembre, territorio libre de analfabetismo.

Fundadas desde el propio 1959, otras instituciones culturales, devenidas símbolos del país, como la Casa de las Américas –con la brillante conducción de Haydee Santamaría– y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), veían la luz, y progresivamente se apoyaría el desempeño de otras tantas, entre ellas el Teatro Nacional, la Biblioteca Nacional, la Orquesta Sinfónica, y el Ballet Nacional de Cuba. En ese mismo año, Fidel convertiría los cuarteles en escuelas.

(Tomado de Granma)

Haga un comentario.

Deje su comentario. Usted también puede subscribirse a estos comentarios vía RSS.