Responsabilidad multisectorial, vital para preservar patrimonio

Precisamos continuar insistiendo de todas las maneras posibles para que los habitantes de esta región sepan el tesoro vivo del lugar donde residen. Foto: ACN

La preservación de la riqueza patrimonial tangible del centro histórico de esta ciudad, con atención a los inmuebles, precisa de una mirada y acción multisectorial real para que la localidad de Sancti Spiritus, una de las primeras fundadas en Cuba el 4 de junio de 1514, pueda seguir mostrando los valores que respaldan su condición de Monumento Nacional.

María Antonieta Jiménez Margolles, historiadora de la otrora villa y enamorada de la arquitectura del siglo XVIII y XIX, con todos sus detalles y exclusividades, comentó a la ACN cómo en los últimos años cierta tendencia modernista ha lacerado, en el escenario que arropa la zona más antigua, edificaciones añejas de importancia, sobre todo, a partir de la introducción de acciones constructivas que van en contra de los elementos originales.

Las labores en esta zona tienen sus regulaciones, puntualizó, pero se violan de manera preocupante y ello indica que a los organismos y entidades implicados en las decisiones para ejecutar remodelaciones o nuevos objetos de obra, les ha faltado, en ocasiones, rigurosidad a la hora de constatarlos y aprobarlos.

Subrayó que ello no significa que se niega el progreso urbanístico o que se desconozcan las complejas condiciones actuales; sin embargo, aclaró, en el llamado casco histórico todo movimiento constructivo tiene que respetar las pautas para este tipo de sitio en aras de preservar los valores que entre tejados, rejas, portones, aleros o decoraciones hacen de la añeja urbe un sitio de privilegio y muy interesante para nacionales y foráneos.

La investigadora enfatizó en que esta mirada incluye a las conocidas joyas arquitectónicas de la ciudad y mencionó el panorama que presenta hoy, por ejemplo, el río Yayabo debido a la acumulación de basura y otros elementos en la base del afamado puente, una obra que es símbolo de los espirituanos.

Y estamos hablando de un elemento, el afluente, que es único en las ciudades patrimoniales cubanas, razón de peso para revertir la realidad actual en ese lugar, expresó.

Jiménez Margolles refirió que aleros de los edificios de la urbe espirituana son únicos en el país por sus formas y detalles y en ellos se constatan, a su vez, daños, unos por el paso de los años y la ausencia de acciones preservativas y otros, por la negligencia humana.

Precisamos continuar insistiendo de todas las maneras posibles para que los habitantes de esta región sepan el tesoro vivo del lugar donde residen, principalmente para lograr un mejor cuidado, conservación y una participación más activa, dijo.

Que la cuarta villa fundada por los españoles en Cuba siga mostrando sus riquezas patrimoniales no depende solo de la Oficina del Conservador o de Patrimonio, explicó, es un área donde muchos organismos, instituciones, entidades tienen que interactuar, cooperar y cerrar brechas a las negligencias, y en las condiciones actuales de la Isla esta intersectorialidad es imprescindible.

(Con información de ACN)

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