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COP 21: El Acuerdo de París es balanceado y justo

21 Diciembre 2015 Haga un comentario

En París se estableció el acuerdo legalmente vinculante, una decisión habilitante y otra sobre lo que hay que hacer de aquí a 2020.

Fotos: Roberto Garaicoa

Por Yailin Orta Rivera, especial para la Mesa Redonda

Reducir el calentamiento global por debajo de los dos grados centígrados, ese fue el principio bajo el cual se plantearon las acciones del acuerdo marco de París, durante los días en los que más de 180 jefes de Estado o altos representantes de los países allí reunidos se pronunciaron por revertir los perniciosos efectos que provoca el cambio climático.

El máster Orlando Rey Santos, asesor de la Ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba, sostuvo que transcurridos unos seis años se llegó a la COP 21 con una acumulación científica muy grande sobre los impactos de esta modificación climática y con una toma de conciencia sobre esta difícil realidad.

En Copenhague, dijo, se trató de imponer un acuerdo que solo conocía la minoría, lo que incentivó negociar un nuevo acuerdo bajo la transparencia. Y aunque en esta ocasión hubo visiones diferentes, se logró articular un denominador común. Cuba en los dos últimos años ha pensado sus propuestas nacionales y los otros países también lo habían previsto así, lo que facilitó que el primer día de París más de 180 países hubieran dicho sus compromisos. “Una situación diferente genera resultados diferentes”.

El objetivo, alegó, era producir un nuevo acuerdo climático con compromisos más ambiciosos de reducción de emisión, porque los protocolos hasta ahora no reducen estas cargas contaminantes ni propician otros compromisos.

En la COP 21, entonces, se estructuró un esquema para que se reduzcan las emisiones de contaminantes a la atmósfera, y así el aumento de la temperatura se pueda contener por debajo de los 2 grados. “La información que existe sobre esta realidad es apabullante, y el Panel intergubernamental tiene respaldo para demostrárselo a la minoría pagada por un lobby de compañías del petróleo que han alimentado la idea de que las emisiones no provocan estos daños. Pero la evidencia científica demuestra que hay un cambio climático a partir de los gases contaminantes que se expulsan a la atmósfera”.

Otro de los miembros de la delegación cubana que asistió a la capital francesa, el máster Pedro Luis Pedroso, precisó que en estos días lo más importante que se aprobó fue el llamado Acuerdo de París, que tiene un carácter vinculante y es aplicable a todas los partes.

“Fue trascendental fijar el límite del incremento de la temperatura por debajo de los 2 grados centígrados, que es el nivel que no tiene impactos negativos, en un acuerdo que contempla objetivos que tiene muchos componentes. Se estableció, por ejemplo, que no solo se necesita de la reducción de las emisiones, sino del apoyo financiero y tecnológico para que los países en desarrollo puedan avanzar en sus medidas climáticas, y pueden, además de proyectar una política de mitigación de emisiones, comenzar a adaptarse frente a los desafíos de esta problemática que tiene componentes ambientales, económicos y sociales.

“Es un paquete que incluye una decisión que se conoce como habilitante del acuerdo, que comienza a entrar en vigor en 2020, y pauta normas que se tienen que negociar y discutir para que el acuerdo se implemente. Hay una decisión que cierra, que es sobre el aumento de las emisiones previo al 20 y esto obliga a ver qué hacer”.

Entre los mandatos que ya se han adoptado, mencionó que los países desarrollados deben ratificar legalmente la enmienda del protocolo de Kioto,  para que este segundo período de compromiso entre en vigor.

Puntualizó que en París se estableció el acuerdo legalmente vinculante, una decisión habilitante y otra sobre lo que hay que hacer de aquí a 2020. “Fue en esencia una negociación que no se puede entender como climática o ambiental, porque tocó los cimientos económicos y las formas en las que la sociedad moderna consume lo que produce. Tampoco se puede dejar de tener en cuenta que este es un proceso de negociación que viene desde 2011 y en París todavía no existían consensos. Todo esto da la medida de la complejidad del análisis”.

El contexto, afirmó, es de crisis económica global, de crisis financiera y energética, precedida de la crisis alimentaria, lo que da la importancia de la necesidad de la sistematicidad en la asistencia para el desarrollo, por eso los desarrollados hicieron resistencia a acordar la  cifra de los 100 millones, que es política.

Añadió que el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas fue lo que hizo que el documento no estuviera listo, sino lleno de corchetes. De manera que hubo que hacer esfuerzos extraordinarios para limpiar y procesar la versión final.

En su opinión, el acuerdo no es suficiente, pero es un acuerdo positivo en medio de las circunstancias políticas del mundo en el que vivimos y que abre una pauta. “Puede haber una diversidad de percepciones en relación con esto, pero hay que tener en cuenta que ningún instrumento internacional va a resolver el problema si las sociedades no interpretan ese documento en políticas”.

Consideró que hay que preservar la arquitectura de la convención y los principios, entre los que se pauta que los países desarrollados tienen responsabilidades primarias y tienen que tener grandes compromisos. Esto pone el acuerdo en perspectiva, ya que anuncia que los desarrollados tienen que tener el liderazgo y deben apoyar en materia financiera y de transferencia de tecnologías a los en vías de desarrollo. Y esto es importante señalarlo, porque cómo pueden hacer por la reducción de emisiones, sin que esto impacte sobre la seguridad alimentaria y el desarrollo de esas naciones más desfavorecidas. Por ello hay disposiciones claras, en las que se dice que no se puede impactar negativamente sobre la seguridad alimentaria, esta era una preocupación de países en desarrollo que asumieron un liderazgo importante.

El financiamiento, comentó, siempre genera disputas. “El documento deja claro que los países desarrollados tienen la responsabilidad de asistir a los países en desarrollo. Pero no se establecen los montos, porque era uno de los aspectos más sensibles. Hubo mucha resistencia, sobre todo por Estados Unidos. Los 100 millones de dólares solo son un piso para aumentar los niveles de financiamiento”.

Aclaró que la revisión de lo acordado cada 5 años va a permitir evaluar cómo los países están cumplimiento con sus compromisos.

Ante la interrogante de cómo se preparó Cuba, explicó que este es un país que ha participado en todo el proceso bajo la convención marco del Cambio Climático de Naciones Unidas. “Queríamos un resultado justo y balanceado, que no supusiera una carga desmedida sobre los países en desarrollo, ni que transfiriera responsabilidades de los desarrollados a los en vías de desarrollo. Entonces creemos que lo acordado en la COP 21 si no es ambicioso es balanceado y justo, porque preserva los principios de la convención y dispone flexibilidades para el caso de los principales estados insulares. Podemos sentirnos satisfechos en cómo eso quedó plasmado en el documento”.

Destacó que Cuba preparó su documentación y determinó su contribución nacionalmente, lo cual tiene diversos antecedentes, porque este es un país que ha participado en todo el proceso, no de manera pasiva, sino con una actitud proponente, como en los distintos grupos de concertación.

Orlando Rey Santos recordó que por muchos años se ha acumulado información relevante que identifica las fragilidades y los impactos del cambio climático sobre la Isla, lo cual tiene una marcada influencia en la seguridad alimentaria, en los ecosistemas costeros…

También Cuba ha hecho mucho en este sentido con la Revolución Energética y el programa actual por la eficiencia con el cambio de la matriz energética. Igualmente ha cooperado con los estados insulares y ha puesto a su potencial científico y humano para enfrentar este proceso.

Previo a París hizo su proyecto, pero en lo adelante repensará y presentará formalmente su contribución nuevamente. El propio componente de los dos grados y el 1,5 como meta es expresión de un debate científico. La comunidad  científica tiene sus posiciones y visiones, sus problemáticas y las acciones.

Aseveró que Cuba tiene consistencia con sus acuerdos nacionales, por lo que hará es inscribir estos como parte de los acuerdos internacionales. “Las metas nacionales las estamos poniendo en el contexto de los acuerdos internacionales, y esta revisión cada 5 años incluirá incrementar las acciones”.

Pedro Luis Pedroso mencionó que las mismas decisiones establecieron durante la COP 21 un marco institucional: el Comité de París, que le dará continuidad a la implementación del acuerdo. “Este asunto, aclaró, tampoco se puede ver solo bajo la perspectiva de las negociaciones de París, porque en septiembre en Naciones Unidas se adoptaron los 17 objetivos de desarrollo sostenible, lo que tienen conexiones con lo acordado ahora. No se puede hablar de políticas de desarrollo si no tienen una dimensión ambiental. El desarrollo sostenible es tener en cuenta la armonía de los ecosistemas y la gestión de la sociedad”.

En Copenhague, dijo, se trató de imponer un acuerdo que solo conocía la minoría, lo que incentivó negociar un nuevo acuerdo bajo la transparencia.

El objetivo, alegó, era producir un nuevo acuerdo climático con compromisos más ambiciosos de reducción de emisión, porque los protocolos hasta ahora no reducen estas cargas contaminantes ni propician otros compromisos.

En la COP 21, entonces, se estructuró un esquema para que se reduzcan las emisiones de contaminantes a la atmósfera, y así el aumento de la temperatura se pueda contener por debajo de los 2 grados.

Otro de los miembros de la delegación cubana que asistió a la capital francesa, el máster Pedro Luis Pedroso, precisó que en estos días lo más importante que se aprobó fue el llamado Acuerdo de París, que tiene un carácter vinculante y es aplicable a todas los partes.

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